Esta novela no es un relato cualquiera, es una realidad que viven, han vivido y vivirán muchos niños y sus respectivos padres. Una historia basada en hechos reales que plasma un retrato desgarrador sobre el bulling en los colegios, pero lo que más entristece es que este mal hábito denominado "acoso", pueda llegar a comenzar en educación infantil.
La historia que ha escrito Rosa crea verdadera impotencia, pues la protagonista, Luna, madre de un niño de cuatro años, Alex, tiene que soportar los desprecios de los propios docentes que niegan el acoso, o simplemente le restan importancia alegando que "Son cosas de niños".
Los niños, son niños, eso nadie lo niega, pero todos sabemos que un infante no distingue el bien del mal y hay que enseñarle valores. No puedes escudarte en que es pequeño y no lo entiende, y a la siguiente frase decir "¡Qué listos son los niños de ahora! ¡Qué rápido aprenden, parecen esponjas!".
Las esponjas absorben todo, tanto lo bueno como lo malo, por eso hay que hacer que el agua que absorban no esté contaminada, y eso se hace a través de una buena educación.
Es cierto que todas las familias tienen sus problemas, y que los niños acosadores probablemente vivan en un hogar desestructurado, no se les haga el caso suficiente, o simplemente se les ha colgado el cartelito de "Eres malo", mientras que al acosado se le pueden colgar cientos de cartelitos como: "Gordo", "Tonto", "Débil", "Bizco", y un largo etc. Desgraciadamente, el acoso muchas veces no se queda en simples palabras y al final puede llegar a las manos.
En este libro se relata el sufrimiento del niño, de la madre, la mala gestión del colegio, y consejos para hacer que el niño acosado eleve su autoestima y mejore su rendimiento escolar; pues una de las curiosidades que nos encontramos es que existe un perfil definido del acosador pero no del acosado.
Luna se sumerge en sus libros de psicología para llegar a entender cómo se puede dar un caso tan extremo en niños tan pequeños, cuando se suele dar más en la adolescencia.
El acoso es producto de una educación escasa y también de la sociedad en general, que ha decidido darle la espalda al problema repitiendo siempre la frasecita "Son cosas de chavales", pero nadie se pone en la piel del niño ni en la de sus familiares. Se hace la vista gorda, y si la sociedad, los docentes, y los padres no se ponen de acuerdo a cerca de dónde acaba la educación parental y dónde comienza la escolar, poco podremos hacer. Es trabajo de todos educar bien a nuestros niños porque son el futuro de nuestro país, y de todo el mundo. Yo, personalmente, no me gustaría tener como presidente del gobierno a un niño que se dedicaba a robarle el bocata a sus compañeros, hacerles la zancadilla, etc, Tampoco quiero que sea un niño acosado, pues a veces, el acosado se vuelve acosador.
Hagamos un esfuerzo por abrir los ojos a todo el mundo y saber distinguir cuándo es un juego de niños, y cuando delincuentes en potencia, como decía la profesora de "Manolito Gafotas".
Si queréis leer el libro, lo podéis solicitar directamente a la autora en esta dirección:
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